CANCIÓN AYACUCHANA: ESPACIO DE RESISTENCIA DE NUESTRA
IDENTIDAD *
Por: Alberto Eyzaguirre García
¿CÓMO SURGE EL DÍA DE LA
CANCIÓN AYACUCHANA?
Hay páginas de la historia que los pueblos buscan perennizar a partir de la desaparición física de hombres destacados y queridos, ya sean héroes en tiempos de guerra, o intelectuales y artistas en tiempos de paz. En el caso de la historia de la música ayacuchana ocurrió algo similar. Enterados del deceso del profesor Felipe Nery García Zárate, ocurrido en Lima el 6 de noviembre de 1980, el pueblo huamanguino decidió acompañar al día siguiente su funeral en forma masiva. Acompañó con guitarras y cantos, desde el barrio de San Blas, aquél de las “callecitas empedradas”, a la Iglesia de Santa Clara y luego hasta el cementerio. En el trayecto, sus alumnos de las diferentes generaciones de la G.U.E. Mariscal Cáceres, y los artistas del pueblo como el poeta y compositor Ranulfo Fuentes, la Tuna Universitaria, la Estudiantina Municipal, el conjunto “Samblasito”, el Coro de Viernes Santo, entre otros, le dedicaron sus canciones.
El profesor Felipe Nery, a quien llamaban “El Pajarillo” por su tierna y dulce voz atenorada, era la primera voz del afiatado Dúo Hermanos García Zárate, junto a su hermano menor Raúl, eximio guitarrista de fama internacional. Felipe Nery, es considerado por los entendidos, como el más fiel intérprete de la canción tradicional ayacuchana y fue uno de los más acuciosos recopiladores del cancionero popular, principalmente huaynos, yaravíes, araskaskas y carnavales, que fueron registrados en 10 discos de larga duración (Lp). Por ello, cuando algún investigador o intérprete de la música ayacuchana quiere recurrir a la fuente principal de este cantar siempre encontrará la recomendación de recurrir a las grabaciones del Dúo de los Hnos. García Zárate.
VOX POPULI, VOX DEI
Al año
siguiente del deceso de Nery, la Universidad Nacional de San Cristóbal de
Huamanga organizó una multitudinaria romería hacia su tumba en horas de la
mañana y, por la tarde, se efectuó un recital de música en el Teatro
Municipal. Entonces surgieron las primeras propuestas de declarar ese día como
una fecha especial para la música ayacuchana. La propuesta fue respaldada por
todos los artistas participantes, entre quienes estaban: la Tuna Universitaria,
Trío Ayacucho, Edwin Montoya, Trío Voces de Huamanga, Estudiantina Municipal,
Raúl García Zárate, entre otros. Un año después el Instituto Nacional de
Cultura de Ayacucho, recogiendo este clamor, emite la Resolución Directoral Nº
005, declarando el 6 de noviembre de cada año como “Día de la Canción
Folklórica Ayacuchana”.
En 1988, los directivos del Círculo Cultural “Tradiciones de Huamanga”, hicieron las gestiones en Lima para que la máxima instancia del Instituto Nacional de Cultura (INC) ratifique la resolución emitida en Ayacucho. De esta manera, se expide la Resolución Jefatural Nº 606 del 12 de octubre de 1988, “reconociendo el meritorio aporte del desaparecido profesor Nery García Zárate” y declarando el 6 de noviembre como “Día de la Canción Folklórica Ayacuchana”.
“Por qué voló el pajarillo /del más fino y dulce canto/ dejando las ramas tristes/ en los huertos de Huamanga/ dejando el nido solo/ y el yaraví enlutado...”
(Huayno “El pajarillo” de Ranulfo Fuentes en memoria de Nery García Zárate)
Es necesario primero definir cuál es el núcleo del tema que queremos abordar. Decimos “canción ayacuchana” pero todos entendemos aparentemente que nos referimos solo al huayno y tal vez, a los yaravíes, araskaskas y carnavales. Es decir, géneros musicales reconocidos como expresiones del sector citadino, urbano, mestizo del departamento. Sin embargo, para quienes provienen de sectores rurales del departamento saben que existen muchos otros géneros que no son conocidos ni incluídos en esta denominada “canción ayacuchana”, tales como el denominado “Llaqta maqta” de Chungui, provincia de La Mar; el “Chimaycha” de Chuschi en la provincia de Cangallo; la Wifala y la Huayllacha de Cora Cora en la provincia de Parinacochas; también el “Pum pin” de la provincia de Fajardo; y los diversos qarawis en todas las comunidades rurales del departamento.
Por lo
tanto, el universo de la canción ayacuchana para hablar en sentido estricto es
más grande de lo que se conoce por ahora. Incluso este problema ya ha sido
denunciado en el reciente “II Congreso de la Música Ayacuchana”, realizado en Huamanga, del 3 al 5 de noviembre del 2015 y donde tuve la oportunidad de
participar con una ponencia sobre el origen del Yaraví.
Un
representante de la provincia de La Mar, denunció que el género musical
conocido como “Llaqta maqta” de su región no fue aceptado para concursar en el
“Festival Buscando Nuevos Valores”, que se realiza entre escolares de todo el
departamento por no ser considerado ni huayno, ni yaraví, ni carnaval, que son
los géneros considerados como “canción ayacuchana” para los organizadores de
este evento que se realiza desde 1993.
Estamos
pues, en la necesidad de ampliar los alcances del concepto de la canción
ayacuchana y ver la forma de incluir estos géneros musicales locales que son
hasta el momento relegados.
Dicho esto, debo precisar que la exposición de esta noche organizada en homenaje al Día de la Canción Ayacuchana, se circunscribe principalmente
al género musical del huayno, en sus vertientes urbana y rural, tanto en
castellano como en quechua o de modo diglósico, como refiere el investigador
Carlos Huamán López en su obra “Urpischallay”. El huayno ayacuchano, que es el género
musical que más se difunde comercialmente, donde participan muchísimos artistas de diferentes pueblos y ciudades de nuestra región cuyos
nombres no voy a mencionar pero entiendo que la mayoría de nosotros conocemos e identificamos
Se asume
que la región ayacuchana tiene un radio de influencia cultural en cuanto a
idioma, historia y costumbres mayor a su
frontera política actual, la que se remite a la época prehispánica y abarca los actuales
departamentos de Ayacucho, Huancavelica, gran parte de Apurímac, especialmente
Andahuaylas; y sectores de Junín y Cusco. Toda esta región fue denominada por
José María Arguedas como la zona
cultural Pokra-Chanka, en razón a corresponder al dominio de la otrora
Confederación de Pokras y Chankas, única nación que llegó a cercar a la inexpugnable
ciudadela inca del Cusco. Es la misma región que abarcaba el centro del Imperio
Wari.
Igualmente,
los hermanos Rodrigo, Edwin y Luis Montoya, en su obra “La Sangre de los
Cerros” dividen todo el país en ocho áreas musicales de la canción quechua. En
esta división, la región de la que hablamos es denominada como “Área
Huamanguina” que abarca los departamentos mencionados además de parte de Ica y
Cerro de Pasco. Los hermanos Montoya
describen dos grandes vertientes en esta área: por el norte, la guitarra
señorial huamanguina, y por el sur, el arpa, violín y charango.
Sin
embargo, la belleza y la fuerza de la canción ayacuchana ha quebrado esas
fronteras culturales y, sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que su
influencia ahora es de carácter nacional e incluso internacional pues es conocido que
en Ecuador y Bolivia se comercializan CDs de música ayacuchana.
Esto se
refleja, obviamente, en el mayor mercado que tenemos en el país: Lima: Como sabemos, Lima es ahora la mayor ciudad “provinciana” y
con mayor presencia de migrantes andinos.
No voy a
mencionar, como dije, nombres de artistas actuales pues son numerosos y su
cantidad va en aumento constantemente. Pero también es cierto aquello de
“cantidad no es sinónimo de calidad”, y, lamentablemente estos tiempos modernos
signados por la globalización y la dura competencia mercantil, obliga a muchos
artistas novatos y algunos experimentados, a deformar la forma y el contenido de las canciones ayacuchanas y andinas en general pretendiendo, de esta manera,
“satisfacer” supuestas demandas del mercado. Y digo “supuestas” porque si al
pueblo le ofreces calidad, éste sabrá valorar finalmente esa calidad musical.
El éxito nunca llega de pronto, es producto de un afán constante de superación
y mejoramiento.
La
canción ayacuchana se caracteriza por la belleza de sus letras, el elegante
trinar de las guitarras, secundadas por dúos de quenas, violines y mandolinas,
principalmente. Ahora, en las grabaciones modernas, estos elementos han sido
reforzados por el bajo electrónico y la batería, en algunos casos.
El
peculiar estilo de la guitarra huamanguina fue elaborado pacientemente por el
espíritu cultivado de la otrora clase señorial huamanguina, con influencia
marcada de la emoción indígena expresada en la dulzura del quechua y en un
ambiente bucólico de su ciudad colonial desde principios del siglo XX; es decir, aproximadamente de 1900 en adelante. Ese gran laboratorio natural y humano ha
legado un estilo musical notorio en la guitarra y en los demás instrumentos
como arpa, violines, mandolinas y quenas.
El punto
más alto de toda esa elaboración cultural en la guitarra es sin duda, la
magistral ejecución del Dr. Raúl García Zárate, un caso muy singular de
habilidad y virtuosismo, cuya genialidad logra “traducir” y transmitir al oyente de cualquier lugar del mundo, la belleza del arte musical andino, rural y mestizo.
LA CANCIÓN AYACUCHANA ACTUAL
Para
abordar el panorama de la actual canción ayacuchana, debemos ubicarnos en la
relación o impacto de los eventos sociales sobre las artes. Todo producto
musical refleja de un modo u otro el tiempo en el cual fue creado. Como
sabemos, en los 80’s, insurge en nuestra región la violencia generada por el
Partido Comunista liderado por Abimael Guzmán, violencia que es correspondida
con tanta o mayor intensidad, por las fuerzas del orden.
Fueron 12
años durísimos, violentos e intensos donde principalmente se afectó a las comunidades
campesinas del sur andino.
Todo
ello impactó obviamente en las creaciones artísticas del pueblo y en sus
canciones, no solo en los huaynos, también se visualiza en los carnavales, como
ilustró la musicóloga Chalena Vásquez, en su obra “Chayraq”.
¿Cómo se
da el proceso creativo en estas condiciones? Para ilustrarlo veamos el caso de
los compositores huamanguinos que es el que conozco un poco más de cerca, pues,
igualmente se dieron composiciones de artistas del sur de Ayacucho y de
residentes ayacuchanos y andinos en Lima.
Los
jóvenes músicos y compositores huamanguinos, afincados principalmente en la
Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, se muestran impactados por
la convulsión social y expresan en sus canciones y poesías sus preocupaciones
sociales en búsqueda del equilibrio perdido. La canción tradicional ya no les respondía a la nueva situación y
generan nuevas letras que demandan nuevas formas. Se rompe las conocidas
escalas y acordes del huayno tradicional, principalmente. La función anterior
del huayno que incluía necesariamente al baile en simultáneo, fue dejando de
lado ésto último. Surge un huayno para escuchar, para reflexionar, para
demandar. El baile deberá esperar un largo período.
Se ganó,
sin duda, en mayor variación de acordes desde el punto de vista musical; sin
embargo, se iba perdiendo o dejando de lado el esquema tradicional.
Superada
la etapa de violencia, para decirlo de un modo simple pues ese tránsito no solo fue complejo y duró mucho más, la canción ayacuchana fue, paulatinamente,
retomando sus raíces, incluso reactualizando viejas canciones a un formato
moderno incluyendo guitarras electroacústicas, bajo electrónico y en algunos
casos reforzado con elementos de percusión que anteriormente no existían, como
la batería.
De este
modo, arribamos hasta nuestros días, con una canción ayacuchana que ha ampliado
sus características y que mantiene fuerte su raíz, su tronco tradicional.
Coexisten, y no de modo excluyente, sino incluyente como es característica de
la filosofía andina, una vertiente que invita a la reflexión poética y social,
pero que excluye al baile; y, por otro lado, ha recuperado y reforzado
tecnológicamente su vertiente tradicional, festiva, bailable, romántica y
picaresca.
Ambas
tendencias coexisten y son la representación genuina del nuevo huayno
ayacuchano, pues mantiene, en primer lugar, la hegemonía de la guitarra con la
estilística de la escuela huamanguina. Igualmente se mantiene la riqueza
melódica y la belleza de sus letras. Obviamente no en todas, pero sí en la gran
mayoría.
¿Es la
música ayacuchana una evidencia de resistencia cultural, como invita a pensar
el título sugerido a esta charla por los organizadores?
Pues,
sí. La resistencia cultural desde el inicio de la opresión colonial hispana fue
así. Nuestra cultura andina tiene mecanismos de asimilación y adaptación
demostrados largamente. Cuando se introdujo en el virreinato, primero la
vihuela, luego la guitarra, así como el violín y el arpa, estos instrumentos
fueron asimilados y obligados a interpretar la emoción y el espíritu indígena y
luego mestizo, llevándole a crear sonidos y lugares nuevos para el oído
occidental. Incluso recreando nuevos instrumentos como es el caso del charango.
La
prueba de estos nuevos sonidos en la guitarra, por ejemplo, son las diferentes afinaciones creadas y perfeccionadas en nuestra región y que ejecutó siempre con maestría el Dr. Raúl García Zárate lo cual le fue reconocido con
aclamación en diferentes escenarios del mundo.
Así,
nuestro huayno ayacuchano se está valiendo de la tecnología moderna para
amplificar su sonido hacia una gama mayor, un espectro de sonido más amplio que compita
con el espectro de sonido que tiene la música moderna en general, como ilustró
acertadamente el músico huamanguino “Chano” Díaz Límaco en el reciente Congreso
de la Música Ayacuchana. Un espectro mayor de sonido y calidad que no mate el
espíritu y la raíz tradicional de la canción ayacuchana, que permita competir imbuido de esa dulzura y espíritu
andino con la música moderna extranjerizante.
*Versión adaptada de la ponencia ofrecida con motivo del homenaje al Día de la Canción Ayacuchana, organizada por la Federación Departamental de Instituciones Provinciales de Ayacucho (FEDIPA) el 06/11/2015.
*Luis Alberto Eyzaguirre García: Músico e investigador
huamanguino. Directivo del Círculo Cultural “Tradiciones de Huamanga”, entidad
de la cual es director de su Estudiantina y Coro. Coautor del libro “Ayacucho
Canta y Baila”, con Juan José García Miranda y editor del texto “Antología de
la Canción Ayacuchana”, de Alejandro Alacote. Con estudios en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos en la especialidad de Psicología y Diplomado en
Bibliotecología por la PUCP.
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